sábado, 14 de mayo de 2011

Todas las noches que me mato, resucito con el desayuno. Solo me calmo si salgo a la selva y me pierdo por un rato sin rumbo.

Ya no le busco la vuelta,
ya sé bien a que huele lo que me duele
y lo que me gusta;
lo que me suelta, lo que me tienta y
lo que me asusta.

Lo que sí nunca entenderé es por qué si en mi patria hay tanto de todo,unos pocos se llevan tanto y para tantos dejan tan poco.
No dejan ni un poco.