domingo, 27 de febrero de 2011

Esteban.

Quería más tiempo con él, con el único qe le enseñó a no dar explicacionescon el que veía ese arcoíris qe saltaba de pulgar a meñique sin detenerse, con el qe NUNCA IBA A SABER TRATAR A UNA MUJER.
Salía de su posición fetal y asomaba al mundo (al verdadero) de la mano de la experiencia, y aún asi nada iba a cambiar a su monotomia por un atardecer de a dos.
A su lado el tiempo se detenía. Estar sentados mirando la pared, se transformaba en el mejor espectáculo, el teléfono sonaba para ir a jugar al futbol y el telón bajaba una vez mas.
Ella pedía cosas sencillas, tocar el cielo y guardar la luna en el bolsillo, un proyecto de vida y un simple plan a futuro: su Carpe Diem jamás se lo permitiría.
¡Los cigarrillos se consumen uno tras otro madre! Atado tras atado y ¿todavía no lográs ver qe ellos prefieren tomar un café con Dolina & Etchecopar?
Nunca le abriría una puerta, y aun asi ella lo amaba. Nunca le regalaría una flor, y muy bien lo sabía. NUNCA IBA A SABER TRATAR A UNA MUJER, y no se iba a imaginar tampoco qe fuera una historia qe madre e hija repetirían.