miércoles, 12 de enero de 2011
Una guitarra por demás desafinada, un frío alquimista que todo transforma en hielo, una canción que de movida está arruinada y un autoestima ya muy adherido al suelo. Las esperanzas guardadas en un cajón, no tienen pilas, yo que más le puedo hacer. Por Dios! que difícil que se hace componer cuando me falta tu calor. Y me resulta imposible sacarlo de mi cabeza, un camino de ida y vuelta y que termina en la cerveza. Y ruego a Dios que esto termine para poder ser la de antes, que no llora por nadie. Ideas que vuelan pero que nunca aterrizan. Metáforas como cuentos sin moralejas. Del quinto piso está chistandome una vieja que como yo ya se olvidó de las sonrisas. Un verso triste que me acaban de vender y los zapatos que me aprietan el talón; disculpen que sea tan triste mi canción es que no lo volveré a ver. Y tengo miedo a sufrir, ser lastimada. Equivocarse es algo humando, pero amarte es un pecado. Es un pecado. Y ruego a Dios que esto termine para poder ser la de antes que no llora por nadie. Por que conozco yo el calibre de tus besos, ya no me dejo asesinar por esa boca. No pongo un pleno más por vos, no tengo un peso. Pero le cedo a otra el turno que me toca.